Rev. Nefrol. Diál. y Transpl., Volumen 24 - N° 3 - 2004, Pág. 99-104

Psicología positiva, salud y enfermos renales crónicos
Alicia Martorelli* y Alba E. Mustaca**
(*) Lic. en Psicología (UBA), Especialista en Estudios Transculturales (UBA)
Institución: Instituto de Investigaciones Médicas A. Lanari.
Laboratorio de Psicología Experimental y Aplicada (PSEA). UBA - CONICET
(**) Doctora en Psicología. Institución: Instituto de Investigaciones Medicas A. Lanari.
Laboratorio de Psicología Experimental y Aplicada (PSEA). UBA - CONICET

 


RESUMEN

La Psicología clínica, históricamente, ha focalizado sus estudios en la psicopatología, por un lado, y, por otro, en propuestas experimentalistas de laboratorio. Desde hace aproximadamente dos décadas se está perfilando un área nueva: la Psicología salugénica o Psicología positiva (PP). Se presentan los principales objetivos de la PP, el concepto de resiliencia, como eje central de la salud mental, apunta a la capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y salir fortalecido por experiencias de adversidad, las similitudes con la terapia cognitiva-comportamental y los principales hallazgos relacionados con la salud y la enfermedad. Finalmente se presentan los escasos trabajos sobre resiliencia y enfermos renales, sugiriendo que sería un campo fértil para desarrollar.

Palabras claves: Psicología salugénica o positiva, resiliencia, paciente renal crónico.

 

ABSTRACT

Psychology has historically focused its studies on the Psychopathology, on the one hand, but -on the other hand- on the laboratory experimental propositions. For the last two decades a new paradigm has been developed: the Healthier Psychology or Positive Psychology. It deals with knowing and studying the factors that cause and constitute the psychic health. Reality shows that not all the persons subjected to critical situations suffer from illnesses or psychopathological symptoms. The concept of resilience - as the central axis of the mental health - point out the human capacity being able of facing all sorts of adversities, recovering and getting out stronger from them.

It aims the psychological care of the chronic kidney patient through the process of resilience that encourages the learning and potentate's vital areas, which result in an improvement of his living quality.

Key word: Healthier Psychology or Positive Psychology. Resilience. Chronic kidney patient.

 

En general la psicología clínica tendió a estudiar al hombre dentro de la perspectiva de la psicopatología o enfermedad mental, lo cual era lógico, porque hay un objetivo común en los psicólogos aplicados que es el alivio del sufrimiento humano. Sin embargo, salvo en los estudios de evaluaciones psicológicas, en que se establecen cuáles son los puntajes estandarizados para las personas normales, se desestimó el estudio de la comprensión de otros patrones de las personas, que contribuyen a su felicidad, aumentar sus fortalezas y virtudes y su bienestar general. Aún más grave, la doctrina de Freud, que tanta influencia tiene en nuestro medio, llega a sugerir que toda la civilización, incluida la ética, la ciencia, la religión, etc., y todos los aspectos positivos de las personas, como las virtudes, fortalezas, generosidad, etc., son mecanismos de defensa contra conflictos básicos no resueltos relacionados con la sexualidad en la infancia. Al reprimir esos conflictos debido a la angustia que provoca, ésta se transforma en energía que genera la civilización y todos los aspectos positivos de la personalidad, por lo cual ellos quedan devaluados como características no genuinas. Entonces, los psicólogos con orientación psicoanalítica, suelen analizar a las personas a partir del trauma, el conflicto, la depresión, la angustia de muerte, etc. Sin embargo, no existe prueba empírica alguna que el desarrollo de la civilización y de las fortalezas y virtudes de las personas, como así sus capacidades para enfrentarse ante las adversidades de la vida, tengan origen en motivaciones negativas. La orientación psicoanalítica se ha reflejado intensamente en nuestro medio también para la comprensión del paciente en plan de hemodiálisis periódica. Esto se revela en los trabajos presentados en Congresos y publicaciones donde el paciente se ve desde esa perspectiva. Sin embargo, la psicología cognitiva-comportamental, y actualmente la psicología positiva o psicología salugénica tienen una perspectiva completamente distinta de la psicología clínica.

La psicología cognitiva comportamental que se denomina psicología de la salud para la especialización en problemas de la salud física, es un área donde confluyen contribuciones específicas de distintos conocimientos científicos (ej.: psicología básica y clínica, psicobiología y psiconeuroinmunología, etc.) que tiene como objetivos la promoción y el mantenimiento de la salud, como así también la prevención y el tratamiento de la enfermedad. Por otra parte, la psicología positiva es un enfoque prometedor que se está integrando a la psicología de la salud, reafirmando sus logros y ampliando aún más las perspectivas de intervención. Este trabajo se limitará a presentar las características principales del enfoque de la psicología positiva, algunos hallazgos en esta línea relacionados con la salud y cómo se podría proyectar hacia el tratamiento de pacientes con hemodiálisis crónica.

 

PSICOLOGÍA POSITIVA

La psicología positiva (PP) es un área que se concentra en estudiar:

1. Las llamadas "emociones positivas". Serían, entre otras, la seguridad, la esperanza, la confianza, la capacidad de perdonar, etc. Según algunos estudios, el desarrollo de emociones positivas es mejor, para enfrentar los momentos adversos de la vida, que la angustia, la ansiedad o el resentimiento.

2. Los rasgos positivos, que incluyen las fortalezas y virtudes y las habilidades generales como la inteligencia o la capacidad artística. Dentro de estos rasgos se incluyen el valor, la objetividad, la integridad, la equidad, la bondad y la lealtad, entre otras.

3. Las instituciones positivas. Serían la democracia, las libertades individuales y de información y las familias integradas. Se trata de conocer y estudiar los factores que promueven y conforman la salud psíquica. Uno de los objetivos últimos de la PP es comprender de modo científico la felicidad, ese término tan elusivo que fue tema de la filosofía y de las religiones de todos los tiempos (Seligman, 2003). La realidad nos muestra que el simple hecho de vivir es estresante, las situaciones ansiógenas y conflictivas son comunes y habituales. Sin embargo, hay personas que normalmente, despliegan una serie de recursos y habilidades para llevar adelante la vida cotidiana. Es necesario conocer con mayor precisión metodológica las variables que hacen posible un desarrollo sano, porque la capacidad de sentir bienestar es inherente al hecho de estar vivos.

Estos temas en realidad lo desarrollaron los filósofos y las religiones: Séneca, Aristóteles, el Budismo Zen, Epicuro, B. Russell, etc. Sin embargo, una aproximación más científica, que implica investigaciones cuantitativas y sistemáticas, comenzó primero con algunos psicólogos humanísticos y luego por psicólogos experimentales.

Uno de los primeros en investigar el tema de la felicidad es Mihael Csikszentmihalyi, de origen húngaro quien, al observar que hombres de su nación que sufrieron los horrores de la guerra podían luego adaptarse y tener una vida feliz en el exilio, se preguntó cuáles eran las características que les permitía lograrlo. Con esa motivación comenzó a realizar estudios descriptivos que trataron de establecer los parámetros que influyen para tener una vida feliz o en bienestar. Este enfoque adquirió más relevancia a partir de 1998, cuando se realizó una reunión en Yucatán, con el objetivo de crear una y establecer los alcances de la "Psicología Positiva". Uno de los promotores es el psicólogo experimental Martín E. P. Seligman, quien estableció una red de Psicología Positiva, y creó una página de Internet sobre el tema. Allí se encuentran pruebas psicológicas que se pueden autoadmistrar para medir las fortalezas y debilidades, las sensaciones de felicidad, y las evalúan en función de la edad, nacionalidad, estado civil, etc. Estos datos son aprovechados por el propio Seligman, quien puede hacer estudios descriptivos sobre grandes poblaciones.

Uno de los hallazgos de este enfoque fue descubrir que el sentimiento de felicidad o bienestar duradero es bastante estable en las personas, está compuesto de un puntaje fijo (posiblemente hereditario), que es relativamente independiente del ambiente o evento que se vive, se puede modificar por circunstancias específicas durante un tiempo, pero luego de unos meses, vuelve a un nivel basal. Por ejemplo, si una persona tiene un sentimiento de bienestar alto, puede disminuirlo ante los primeros meses del comienzo de una enfermedad o de la pérdida de un familiar, pero al cabo de unos meses vuelve a su puntaje basal. Sin embargo, ese nivel basal, cuando es muy bajo, puede modificarse mediante estrategias que dependen del control de la voluntad. La intervención consiste en un entrenamiento intensivo para modificar las formas de interpretar los hechos, especialmente los adversos, pero también los positivos, y los hábitos de conducta. La PP se propone también hacer una especie de manual de diagnóstico de personas normales para evaluar sus fortalezas y debilidades y derivar en tratamientos adecuados para asegurarles un mayor bienestar en la vida. A diferencia del psicoanálisis y semejante a la aproximación cognitiva-comportamental, considera que las emociones los rasgos positivos son patrones genuinos de las personas y que pueden desarrollarse mediante una adecuada educación y entrenamiento. La mayoría de los estudios realizados hasta la fecha son de tipo correlacionales y descriptivos.

 

RESILIENCIA Y SALUD

Uno de los conceptos de la PP es el de resiliencia o afrontamiento. En física, resiliencia es la capacidad de los materiales de volver a su forma, cuando éstos son forzados a deformarse. Trasladado al campo psico-social, es la capacidad para enfrentar situaciones difíciles, sobreponerse y salir fortalecido, en vez de debilitado, por la experiencia de adversidad. Los primeros proyectos de investigación sobre resiliencia se concentraron en el ámbito educativo y en programas sociales. En La Haya, Holanda, la Fundación Ernest van Leer estudia y desarrolla el concepto de resiliencia desde hace, aproximadamente, dos décadas. El Programa Internacional de la Resiliencia está dirigido por Edith Grotberg, docente de la Escuela de Salud Pública de la Universidad George Washington (Washington DC).

El concepto de resiliencia es también el eje central de la Multicultural Mental Health Australia, que define a la salud mental como la flexibilidad o resiliencia emocional y espiritual que capacita a los hombres a disfrutar de la vida y sobrevivir al dolor, los sufrimientos y las decepciones (Health Education Autority Australia, 1997).

Investigaciones realizadas en veintisiete lugares, distribuidos en veintidos países diferentes, demostraron que no hay relación entre el nivel socio-económico, inteligencia, clase social y la resiliencia. Más bien correlaciona con una percepción optimista de la vida, con la capacidad de ver los aspectos positivos de las experiencias adversas y neutralizar los negativos mediante un buen enfrentamiento y una alta estabilidad emocional. La resiliencia es una característica que se puede aprender y se desarrolla cuando no existe espontáneamente en el individuo, gracias a una serie de factores protectores que la sostienen y que contrarrestan el efecto perjudicial de la adversidad o de la enfermedad. Se apunta a identificar y desplegar las competencias y recursos con los que cuentan las personas, estimular la autoestima y una concepción positiva de sí mismo y del entorno, generar conductas adecuadas de resolución de problemas, y el convencimiento de tener algún grado de control sobre la propia vida, reconocer las limitaciones que hay que aceptar, así como también promover la formación de redes de apoyo. La intervención para aumentar la resiliencia no significa negar la existencia de conflictos, sino estimular a las personas para que pongan en juego su capacidad para que puedan solucionarlos de un modo adaptativo. Edith Grotberg sostiene que la comunidad internacional se ha entusiasmado y comprometido mucho con esta perspectiva porque resulta fecunda y enriquecedora del potencial humano, ya que la realidad muestra que no todas las personas sometidas a situaciones críticas sufren enfermedades o cuadros psicopatológicos, por el contrario, hay personas que superan la situación y logran capitalizar esa experiencia.

 

SALUD Y PSICOLOGÍA POSITIVA

Se halló que la buena salud objetiva guarda escasa relación con la sensación de bienestar. Importa más la percepción subjetiva de nuestro estado de salud y la valoración de la salud en forma optimista. Cuando una enfermedad es discapacitante, grave y duradera, apenas disminuye la satisfacción en la vida. Incluso se encontró que las personas que ingresan a un hospital con una enfermedad crónica, como cardiopatías, incrementan el estado de bienestar a lo largo del año siguiente a la internación. Además, enfermos de cáncer graves difieren en forma ligera en los puntajes globales de bienestar, comparado con sujetos objetivamente sanos (Breetvelt y Van Dam, 1991). En cambio, la sensación de bienestar disminuye considerablemente en personas con cinco o más problemas de salud (Verbrugge, Reoma, y Gruber-Baldini (1994).

El optimismo, un sentido de control personal y la habilidad para encontrar significado a las experiencias de la vida se asocian a una mejor salud mental (ej. Seligman., 1998). Se ha hallado que estas variables también mejoran la progresión de enfermedades, aumenta la sobrevida en pacientes terminales e influencian sobre la salud en general. Petterson, Seligman y Vailant (1988), en un estudio longitudinal de 35 años, encontraron que los sujetos que poseían, a los 25 años un estilo explicativo pesimista (la creencia de que los eventos malos son causados por factores estables o permanentes, globales e internos y que los buenos son causados por factores casuales, transitorios, específicos y externos), fueron menos saludables en su vida posterior que aquellos que tenían explicaciones optimistas a los eventos que les ocurrían. Esta correlación la halló a partir de los 45 años, edad en que el organismo comienza a declinar. Un factor que resultó correlacionar positivamente con una mejor progresión de la enfermedad y con una mejor calidad de vida son las llamadas "ilusiones positivas". Se trata de enfermos que tienen una visión optimista de la enfermedad, más que realistas. Por ejemplo, Taylor, Kennedy, Reed, Bower y Gruenewald (2000) hallaron que las ilusiones positivas en enfermos de SIDA y cáncer correlacionó positivamente con un aumento en la sobrevida comparada con aquellos que tenían una visión realista de su enfermedad. Esta creencia no correlacionaba con las evidencias empíricas de las pruebas de laboratorio o la sintomatología. Estos pacientes, aún cuando recibían informes que revelaban un aumento de la enfermedad, solían reaccionar con expresiones que indicaban creencias de control de la situación, daban poca importancia a los hechos concretos o no se concentraban en los síntomas. Además, aquellos pacientes que le daban un significado trascendente a la vida o a la enfermedad o que se distraían, tenían también una progresión más lenta de la enfermedad comparada con enfermos que tenían una percepción objetiva de la misma. Los pacientes de SIDA que tuvieron una aceptación realista de la enfermedad murieron nueve meses antes que aquellos que tuvieron una ilusión de control. Este estudio controló un rango alto de factores predictores de sobrevida, como edad, educación, niveles de CD4, de las células helpers, etc. Este desconcertante poder que

parece tener una visión poco realista de la enfermedad es importante tenerlo en cuenta a la hora del trabajo clínico con sujetos que padecen enfermedades graves y crónicas. El proceso o el mecanismo subyacente a este fenómeno se desconoce, aunque se conjetura que estos pacientes padecen menos estrés, por consiguiente, tienen una mejor respuesta inmunológica y una mejor predisposición a tener hábitos de vida sanos (para una revisión ver Mustaca y Bentosela, 1995 y Mustaca, 2001). Estas investigaciones cambiarían la idea tradicional en psicología de la salud comportamental que supone que el conocimiento de la realidad permite un mejor afrontamiento. Al menos en casos de enfermedades graves parece que eso es perjudicial. Quizá habría que hacer un balance entre el conocimiento de la enfermedad y la estimulación en el desarrollo de formas de pensamiento guiado hacia una ilusión de control, hacia una postura filosófica hedonista o darle un sentido a la enfermedad, o a la vida actual. Este campo de investigación es reciente como para sacar conclusiones y para que esto no quede en el terreno de la especulación se deberían realizar más trabajos empíricos.

 

PACIENTES CON INSUFENCIENCIA RENAL CRÓNICA (IRC) Y PSICOLOGÍA POSITIVA

Se encontraron escasas investigaciones sobre psicología positiva, resiliencia o temas relacionados y enfermos renales crónicos, aunque sí investigaciones sobre el estado psicológico del enfermo y tratamientos cognitivos comportamentales. En varios estudios se hallaron en pacientes dializados niveles altos de ansiedad, depresión, ideas suicidas y desprecio por ellos mismos (ej.: Livesley,1982; Kutmer y Paul, 1985). Zahonero (1984) estudió, en una muestra de 76 sujetos, correlaciones demográficas con síntomas psicológicos. Mostraron que la tendencia hacia la depresión era más intensa entre personas mayores de 26 años, casados, no religiosos y que habían estado más de un año en hemodiálisis. Miñaro y col., (1985) encontraron que los mayores valores de ansiedad correspondían a sujetos de entre 10 y 20 años, en los primeros meses de hemodiálisis. Además se halló que la variable de mayor peso en los pacientes con IRC era la baja autoestima que correlacionaba con un reducido nivel de escolaridad. En cuanto a las intervenciones psicológicas, Hener (1996) comparó dos de ellas, apoyo psicológico y terapia cognitiva-comportamental, sobre el ajuste a la diálisis peritoneal domiciliaria en niños. Los tratamientos se realizaron a los padres de los niños durante 8 semanas y se compararon con un grupo control no tratado en medidas de ajuste al tratamiento de diálisis. Se halló que ambos tratamientos resultaron efectivos para lograr un mejor ajuste al tratamiento; en cambio, en el grupo control no tratado aumentó el nivel de ansiedad. Los mejores resultados de ambos tratamientos se obtuvieron en las áreas emocionales, cognitivas e interpersonales, y menos en el área comportamental.

Respecto al enfoque de resiliencia y psicología positiva, algunos trabajos mostraron que las diferencias individuales interactúan con las intervenciones psicológicas y determinan resultados diferentes en los pacientes. Christensen y col.(1996) mostraron que un mayor compromiso con el tratamiento estaba asociado a pacientes que percibían menor deterioro físico y mayor conciencia del cuerpo. En otra investigación, Christensen (1996) trabajó con pacientes tratados en un centro de hemodiálisis y autotratados ambulatorios con diálisis peritoneal (CAPD) a los cuales se los clasificó de acuerdo a dos variables psicológicas que reflejaban sus preferencias de enfrentamiento y expectativas de control (ej. "Información vigilante" y "Enfrentamiento autónomo"). Con una perspectiva interaccional, se predijo que el ajuste al tratamiento debería ser mejor cuando el estilo de enfrentamiento coincidía con el tipo de tratamiento. Se estudiaron los efectos del tipo de diálisis y las dos variables psicológicas sobre el cumplimiento de las dietas y medicación y sobre el ajusto psicológico. Ellos encontraron que los altos puntajes de preferencia de información vigilante se asociaron a una mejor respuesta a las dietas en pacientes CAPD pero asociación pobre en los pacientes en el centro de hemodiálisis. En contraste, la información vigilante ejerció un efecto principal sobre pacientes con depresión y ansiedad, de tal modo que estos sujetos con altos valores en información vigilante tenían mejor ajuste, independientemente del tipo de diálisis que se les realizaba. Además hallaron que los altos valores en enfrentamiento autónomo estaban asociados a un mejor ajuste en ambos tipos de diálisis.

Se halló un solo trabajo sobre resiliencia y enfermos renales. White, Tucson, Greeley, Koeckeritz, Greeley, Young Ae y Munch (2002) presentaron un estudio transcultural donde evaluaron diferencias entre las familias resilientes en pacientes con hemodiálisis y sus cuidadores en tres muestras étnicas diferentes, que incluyeron angloamericanos, mejicanos y coreanos del sur. Los pacientes estaban en el estadio final de su enfermedad renal. Hallaron que los pacientes y familiares de Corea del Sur percibieron los estresores impuestos por la enfermedad mucho más intensos que los otros grupos étnicos, y ellos también tenían valores más bajos en las medidas de resiliencia familiar. Estos datos sugieren que existiría una correlación entre altos puntajes de resiliencia familiar y ajuste a la enfermedad renal crónica y que también existen diferencias culturales en su enfrentamiento.

 

EXPERIENCIA EN ARGENTINA

En los comienzos, fueron "tiempos heroicos", expresión utilizada por el Dr. R. Guiñazú, en el número cero de esta revista, para describir su experiencia dializando a pacientes. Por parte de la primera autora del trabajo, ella empezó a trabajar en un Centro de Diálisis cuando el esposo de una amiga -nefrólogo- le preguntó si se animaba a atender a pacientes terminales. Al comenzar su trabajo, se dio cuenta que, terminal, era la función del riñón, pero no la vida. La tecnología había mejorado considerablemente, de modo que las sesiones de diálisis transcurrían dentro de parámetros controlables, la calidad de vida del paciente aumentaba, lo mismo que su expectativa de vida. El ingreso a diálisis desencadena una situación de crisis, en la que el paciente debe hacer un esfuerzo en adaptarse y rediseñar su vida en función de las limitaciones de su enfermedad.

El concepto organizador del abordaje psicológico fue el de ¨proyecto de vida¨, a partir de una enfermedad crónica que exige un tratamiento riguroso.

En un trabajo pionero en nuestro medio relacionado con el tema, Martorelli, Pechón y Mustaca (1998) presentaron un estudio exploratorio-descriptivo que indagó si la gimnasia expresiva puede mejorar la calidad de vida de los pacientes con hemodiálisis crónica. A seis enfermos con un tiempo de hemodiálisis de entre 6 meses y 7 años se les ofreció concurrir una vez por semana a una clase de gimnasia expresiva, que incluía relajación al finalizar la sesión y mucha estimulación positiva que incluía elogios, evaluación de los cambios producidos por la gimnasia, etc. Antes del comienzo de la actividad y después de la sesión número 11 se les administró la prueba de autoconcepto de Piers y Harris. Los sujetos no concurrieron a todas las clases, variando entre de 3 a 9 clases. Los sujetos mostraron una muy baja autoestima en todas las dimensiones del test antes y después de la intervención. Sin embargo, se halló un cambio significativo en el puntaje bruto total del test de autoconcepto entre la primera y segunda administración. Los puntajes que variaron significativamente hacia un mejor autoconcepto fueron en las dimensiones de ansiedad y bienestar- satisfacción. Además hubo una correlación positiva entre el número de veces que los sujetos concurrieron a las clases y la diferencia entre los puntajes totales entre la primera y la segunda toma. Estos resultados sugieren que una actividad física bien encaminada puede mejorar la calidad de vida de los pacientes.

 

CONCLUSIÓN

Tanto la psicología cognitiva comportamental, la psicología de la salud y la psicología positiva conciben al hombre desde una perspectiva biopsicosocial. Las dificultades de la existencia, los conflictos, pero también la búsqueda de felicidad y bienestar son parte de la vida. Se hallaron estrategias para aumentar el estado de bienestar de las personas, tanto sanas como con enfermas, y sus capacidades para enfrentarse con las adversidades. Si bien de lo que se conoce, existen pocas investigaciones sobre

el tema en pacientes con insuficiencia renal crónica, los resultados de trabajos con sujetos sanos y con enfermos crónicos terminales, sugieren que el estado psicológico del paciente es un factor que influye en el control de la enfermedad y seguramente en la calidad de vida. Sería importante realizar en principio evaluaciones de las capacidades y déficit psicológicos de los pacientes para correlacionarlos con la progresión de la enfermedad, para luego realizar intervenciones que tengan como objetivo aumentar la resiliencia o capacidad de afrontamiento tanto en los pacientes como en sus familiares. Dado los escasos trabajos sobre estos pacientes, los resultados de esas investigaciones llenaría un vacío importante en su comprensión y su tratamiento integral. Se considera que esta es una propuesta fértil, que vale la pena explorar e implementar, porque está en juego, nada más y nada menos, que la consideración del paciente como persona total con proyección de futuro.

 

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Recibido en forma original: 18 de junio de 2004 
En su forma corregida: 15 de julio de 2004
Aceptación final: 06 de agosto de 2004
Licenciada Alcira Martorelli
Especialista en Estudios Transculturales (UBA)
IIM A. Lanari Investig. Laboratorio de Psicología Experimental y Aplicada (PSEA)
Buenos Aires - Argentina